…y no morí en el intento.
Francisco Ibáñez, Maestro de la historieta española, me firmó un Mortadelo. Y todo me pilló por sorpresa. Ayer sábado estuvimos por Sevilla, queríamos hacer unas compras, algunos regalitos, y bueno, nos sumamos a la gran marea humana que tuvo la misma idea. Supongo que algo tendría que ver que era el primer sábado con sol desde hacía tres semanas, pero ¡qué de gente!
Allí estaba yo, que entre otras cosas me compré un almanaque para el nuevo año y ¿cuál me compré?, pues había muchas opciones, pero cuando vi el de Mortadelo y Filemón, me dije: “este”. Y es que me he criado con Mortadelo y Filemón, y ya desde pequeño los visionaba con ojos de alumno que aprende de su maestro. Si digo la verdad, en esto del comic y del garabato (pasión que tengo pero que, cierto, nunca he llegado a explotar, probable fallo) tengo dos grandes referencias, dos Maestros: Francisco Ibáñez y Jan (de Superlópez).
De tienda en tienda y tiro porque me toca llegamos a El Corte Inglés de la Plaza del Duque y resulta que precisamente allí estaría esa tarde, de seis a ocho, firmando ejemplares Don Francisco Ibáñez; y yo, ni corto ni perezoso compré un ejemplar del especial de Mortadelo del Mundial 2010 y me puse a la cola. Y me puse a la cola totalmente ignorante de lo que me esperaba: ¡2 horas de cola!. Sí, sí… dos horas. La primera hora y pico como que se pasa entre agradable y risas tontas de nervios cansinos por la espera entre los tertulianos de la cola. Los últimos metros se te queda la cara a cuadros y llegando las ocho, momento en el que supuestamente finalizaba, os digo que aún estaba como a unos 20 ó 30 puestos de la firma.
Primera conclusión: qué poder de convocatoria tiene este señor (y creía yo que iba a ser de los pocos).
Segunda: última vez que me pongo a una cola para una firma si creo que va a tardar. Una vez en la cola, el tiempo invertido alargándose inexorablemente se vuelve directamente proporcional a la cara de carajote que se te quedaría si te fueras después de todo ese rato de estar esperando e irte sin la firma.
Ya sabéis la historia: yo me quedé y a las ocho y cuarto a tiempo pasado Francisco Ibáñez me firmó mi Mortadelo y el almanaque que ahora cuelga en mi oficina.
Y si para nosotros fue una prueba de paciencia la larga cola, no quiero ni imaginar lo que tuvo que ser para el Maestro firmar los ¿cuántos? no sé ¿cientos, mil y pico? de tebeos. Le dije que debía de tener un brazo biónico, me rió la gracia pero yo se lo decía en serio. El tipo es un crack y un profesional en esto de “firmar”; cuando te toca tu turno empieza a hablarte (con la abrumadora verborrea que tiene) y te da la sensación que de lleva toda la tarde contigo, no sé cómo hace esto, pero lo consigue. Y cosa curiosa, cuando vio mi ejemplar para firmar me confesó que cada vez que le toca un mundial se dice: “¿otra vez otro? qué rápido ha pasado… pero si a mi ¡no me gusta el fútbol!”.
Inmortalización del momento.

Algunas fotos del antes, durante y después.