zen dibujando árboles
Siendo muy pequeñito, tenía que afrontar el reto de dibujar un bosque. No sabía cómo empezar. Era hábil con el trazo, definía bien mis dibujos, pero a lo más que había llegado entonces a tan prematura edad era a esbozar cosas aquí y allá en papeles pequeños. Y ahora tenía ante mi un doble folio: en blanco.
El profesor me dio la clave:
- ¿Sabes dibujar un sólo árbol?.
- Sí -respondí yo-.
- Pues hazlo simple. Dibuja un árbol. Cuando acabes, dibuja otro.
Fue un “flash” y se me abrieron los sentidos. Fue como sentirme un pequeñito ciudadano del Cosmos que tenía tiempo para todo, porque todo era AHORA. Que podía hacerlo todo. Sólo tenía que empezar: primero una cosa, luego otra. Y todo sucedería AHORA.
Falta decir que ese estado de lucidez mental no es permanente. No hay más que ver mi agenda de proyectos
